Jueves de Corpus Christi, Fiesta del Cuerpo y la Sangre de
Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.
30 de mayo de 2013
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Explicación de la fiesta
Corpus Christi es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia
de Jesucristo en la Eucaristía.
Este día recordamos la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo
el Jueves Santodurante la Última Cena, al convertir Jesús el
pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.
Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más
grande que
Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la
Ascensión.
Origen de la fiesta:
Dios utilizó a santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La
santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy
pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando
creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su
comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de
abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue
enterrada en Villiers.
Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispos de
Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los
Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège,
después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano
IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los
obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un
sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante;
también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio
para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten,
V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.
El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió
el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez por los cánones
de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de
1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien
también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique
de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la
celebración al mundo entero.
Urbano IV, siempre siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula
“Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber
ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía,
ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves
después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando
muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio.
Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por
petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha
sido admirado aun por Protestantes.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la
publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el
Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena
(1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo
decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó
su observancia.
Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un
aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de
indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante
comunes en a partir del siglo XIV.
La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en
Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y
1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el
domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.
En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los
calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de
Galicia, Calabria y Sicilia.
El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue
introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años,
determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con
singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado
en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos
atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino
beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la
muerte y resurección de Nuestro Señor Jesucristo.
Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y
siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se
dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la
apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de
esta solemnidad.
Autor: Tere Fernandez del Castillo | Fuente:
Catholic.net
Fuente: www.corazones.org
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